Hoy vengo a contaros una escapada perfecta a hora y media de avión y solo por 60 euros. Más barato incluso que algunos AVEs.
Hablo de Marruecos. Un destino, que tonta de mí, excluía continuamente de mi top list por precisamente la proximidad a España. Pero es que no te imaginas qué inspirador y diverso es este país y como decía, a tan solo hora y media de vuelo.
Viajé con una amiga hace varias semanas y queríamos algo completamente distinto a lo que estábamos acostumbradas. Un choque cultural, vaya.
Road Trip por Marruecos
Lo que iba a ser una aventura solo en Marrakech terminó siendo un road trip en toda regla por todo el país. Marrakech, Aït Ben Haddou, El Sahara, Fez y finalmente Rabat, y casi nos quedamos ya que estuvimos apunto de perder el avión.
Volamos con Ryanair a las siete de la mañana y a las nueve ya estábamos allí plantadas. Con un fajo de billetes, porque no son amigos de las tarjetas. O llevas efectivo o no eres nadie en este país. Nos montamos en el taxi y primera parada: nuestro Riad. Ubicado justo en la Medina.
Riad Vis ta Vie, que significa “Vive la Vida”, es un pequeño alojamiento con azotea con vistas a la medina y con una localización gozosa en pleno caos de la ciudad. Nos salió por €75 la noche, lo cual más tarde pudimos comprobar que era un precio elevado si lo comparas con otros riads que salen a 20-30 euros la noche.
El alojamiento no estaba mal aunque tuvimos que cancelar una noche (a pesar de tramitar la cancelacion por booking.com no se nos devolvió el dinero), todo esto se debió a que nuestros planes cambiaron y decidimos partir al desierto, por lo que al final nuestra estancia en Marrakech se acortó más de lo previsto.
Primera parada: Marrakech
Esta ciudad es probablemente uno de los lugares más turísticos del país. Un núcleo vivo y vibrante, donde confluyen aromas, colores y sonidos. Lo mejor que puedes hacer es sumergirte en el ambiente local. Perderte entre callejuelas y las tiendas del zoco. A engullirte un buen tagine y a sumirte en un relajante hamman.
Nos unimos al free tour de Civitatis que dura cuatro horas y te cuentan lo más importante de la ciudad. Cuidado, porque es típico en este país que te lleven a comercios con los que los tours operadores están compinchados para que el turista se gaste el dinero. Nos pasó que terminamos en una farmacia/herbolario y salimos de allí desplumadas, pero con cremas que prometen una eterna juventud, tés que te adelgazan y pintalabios mágicos.
En la plaza más grande de Marrakech llamada Jeema el-Fnaa consigues lo que quieras y así nos los demostró nuestro amigo Navarro, marroquí-español (precisamente de Navarra como bien indica su nombre), que bien te consigue compresas y a la vez te organiza un viaje de 72 horas al desierto del Sahara. Contratamos la excursión y nos volvimos al riad, compresas incluidas (ya sabéis que en cada viaje que hago se cumple la ley de Murphy de los viajes por excelencia de bajarme la regla). Al día siguiente partíamos a las siete de la mañana a Merzouga, un lugar indescriptible, que recomiendo ver con ojos propios.
De camino al desierto de Merzouga
72 horas de tour y varias paradas, una de ellas en la histórica ciudad de Aït Ben Haddou, Patrimonio de la UNESCO y escenario de múltiples películas como La Pasión de Cristo, Gladiator, Jesús de Nazaret, La Momia o Juego de Tronos, entre otras. De hecho, cuando fuimos justo acababan de finalizar un rodaje y estaban desmontando los decorados.
Proseguimos nuestro camino entre carreteras serpenteantes que se perdían en la cordillera del Atlas, sistema montañoso que da ese carácter rudo y bereber al paisaje de la zona. Llegamos a un pequeño pueblo llamado Ait Sedrate Jbel El Oulia y pasamos la noche en un albergue llamado Le Vieux Chateau Du Dades. Llegamos cansadísimas del madrugón y de las largas horas de carretera, pero nos dieron la bienvenida con un té, una habitación calentita, cena típica y un paisaje increíble entre montañas con un cielo salpicado por miles de estrellas. Jamás he visto cielos como los de Marruecos.
No sé el precio del alojamiento porque estaba incluido dentro de la excursión al desierto, que por cierto nos costó €150 por persona la opción “Deluxe”, lo cual nos garantizaba todas las comidas, habitaciones con baños privados y calefacción. La verdad es que no podemos quejarnos porque estuvimos muy cómodas todo el tiempo comparándolo con otros viajeros que pagaron menos (€80) pero comieron peor y pasaron mucho frío y tuvieron que compartir baño.
Tinghir, ciudad bereber
A la mañana siguiente fuimos a la ciudad bereber de Tinghir. Es impresionante como el paisaje se va tornando cada vez más desértico, apareciendo a menudo palmerales que te sorprenden y te hacen entender el verdadero significado de “Oasis en el desierto”.
Aquí en Tinghir nos enseñaron el arte de tejer alfombras bereberes: piezas únicas, de buenísima calidad y económicas. Alfombras de lana, todas con colores vivísimos y diseños únicos, algunos de los cuáles se hacen a mano alzada y sorprende la simetría (sobre todo teniendo en cuenta que no siguen ningún patrón). Predominan los colores rojos y naranjas, que proceden de la flor de la amapola y el azafrán.
El “oro rojo” -como le llaman aquí-, el azafrán es la especia más cara del mundo: en Europa el kilo cuesta entre €5000 y €10,000 pero en Marruecos se puede obtener bastante más económico. Lo mismo ocurre con el aceite de Argán. Cosas que no deberías dejar de comprar en este territorio inhóspito: alfombras, azafrán y aceite de Argán.
Desierto y estrellas
Tras la visita totalmente recomendable de esta ciudad, llegamos por fin al desierto. No habrán dudas de que has llegado pues el paisaje se torna cálido, desolado y con nubes de arena que se levantan a tu alrededor. Al fondo, las dunas. Ésas en las que te perderás en una aventura inolvidable.
Paseos a camello, recorrido en todoterreno y carreras en quads. Sand surfing si eres valiente y no te importa “comer el polvo” y nunca mejor dicho. Yo me rebocé en arena cual croqueta y llegué a casa con los bolsillos como para montar mi propia playa.
Pero lo más emocionante estaba aún por llegar: cuando cae la noche en el campamento y tras una super saciante cena bereber, el fuego de la hoguera brilla y bailas entorno a un hoguera que te calienta en la fría noche del desierto. Tocas el tambor y cantas al ritmo bereber, bailas para paliar el frío. Y en un momento dado eres consciente de que el espectáculo no está en tierra, sino en lo alto: un cielo estrellado que te recordará lo diminuta que eres en un universo titánico. En ese momento jamás quise ser encontrada y perderme en el desierto ha sido la experiencia más asombrosa que he vivido.
Fez, la última joya del viaje
Aunque lo del desierto era difícil de superar, proseguimos nuestro viaje hacia Fez. Habíamos conocido a un grupo de españoles y viajamos juntos hasta esta ciudad de Marruecos que nos gustó mucho.
Fez es el centro cultural y religioso del país, que se caracteriza también por sus curtidurías donde tratan el cuero. La ciudad tiene mucha vida y su zoco nos encantó. También disfrutamos de comida auténtica y probamos la pastela que es un plato típico (dulce y salado) así como hummus y otros dips a base de pasta de berenjena. Por supuesto tangine, brochetas y los tan sabrosos y apetecibles dulces marroquíes que no podían faltar.
Nos encandiló tanto la cultura de esta ciudad y estábamos tan a gusto con nuestros nuevos amigos, que no solo perdimos la noción del tiempo, sino también el tren que nos llevaba a Rabat para coger nuestro vuelo de regreso a Madrid. No sé si fue cosa del destino o que los astros se alinearon, pero nuestro vuelo se retrasó una hora, lo que permitió que consiguiéramos llegar al aeropuerto a tiempo y volver a casa sanas y salvas. Aunque ay te digo, no me hubiera importado vivir una vida nómada o al más puro estilo bereber entre las dunas del desierto del Sáhara.
Algunos tips:
-Marruecos cuenta con distancias larguísimas y cambios bruscos de temperatura, sobre todo en invierno. Si se pretende recorrer el país es recomendable hacerlo mínimo en cinco días para que dé tiempo a saborear un poquito cada sitio que se visita.
-Para ir al desierto mejor llevarse capas y comparar tour operadores ya que no existe un precio estándar para los tours. Si que es cierto, que recomiendo pagar el “plus” para tener más comodidad, ya que hablando con otros viajeros comprobaos que algunos ni si quiera tuvieron desayuno y pasaron bastante frío.
-Los marroquís dominan el arte del regateo y tienen mucha labia para engatusarte. En Fez nos pasó que preguntando a un hombre por direcciones terminamos metidos en un tour privado, cuando le dijimos que teníamos que irnos empezó a pedirnos dinero. Así nos dimos cuenta en la trampa en la que habíamos caído.
-No se acepta tarjeta ni en las estaciones de tren. Mucho menos en taxis o tiendas. Recomiendo llevarse todo el efectivo que sea posible. Obtener efectivo allí es difícil y cobran comisiones bastante altas.
-En Marruecos se puede comer perfectamente por €7 en cualquier restaurante. Una vez más hay que prestar atención para no caer en las tan tipicas “tourist traps”.
Por último, no tengas miedo de disfrutar al máximo de este país lleno de contrastes: no dejes de probar toda la comida, los dulces, el café especiado con canela, cúrcuma y nuez moscada. Disfruta de todos los atardeceres que puedas. Relaciónate con los locales, la gran mayoría hablan español y son bastante agradables (no todos quieren engatusarte) y por último, no te vayas sin probar un buen hamman, bastante típico en Marruecos y es una experiencia super relajante.